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martes, 8 de enero de 2013

Muero

Hay veces en las que ya no puedo dormir.
Lloro.
Mi cuerpo es la tumba fría que los dioses destinaron para mi alma.
Tiemblo.
Las lágrimas que corren por la mejilla desnuda de mi rostro son el reflejo de mi humanidad.
Sufro.
Los lloriqueos que se ahogan en mi garganta consumen la sonrisa que ahí vive.
Muero.

Vivo.
Siento.

martes, 10 de julio de 2012

Barco de papel

Estoy segura de la realidad, pero más segura de la ficción.
Me encamino hacia el horizonte en donde habitan tus sueños entre el día y la noche.
Subo a mi pequeño bote apenas con una simple vela.
Se aproxima una tormenta, o eso parece.
Al ir acercándome noto que en las nubes negras yacen tus pesadillas entre relámpagos y estruendos.
Eso me aterra, pues me da miedo naufragar y ser consumida por esas pesadillas crueles y dementes que terminan con todo a su paso.
Me asusta no lograr cruzar,  pero debo hacerlo.

Llego al centro de la tormenta, el viento está a mi favor así que logro avanzar más rápido. Después de un rato puedo ver rayos de luz a lo lejos. Es el horizonte despejado, lo estoy logrando.
Pasé la tormenta y me acerco a ese muro de luz y estrellas, tengo muchas ansias y al fin llego. Escalo el muro, es de cristal,  divide a la noche y el día me quedo en el esplendor del rojo y anaranjado en medio del amarillo y el azul. Es maravilloso, puedo ver desde aquí todos los sueños que habitan tu mente y los deseos más perdidos.
Entre mi asombro y curiosidad me atrevo a voltear, ahí estoy yo, me miro a lo lejos, se siente bien,  me llena.

Fue un viaje muy cansado y peligroso pero ahora puedo descansar y cuidar tus sueños.
Me recuesto con cuidado en el fino cristal, ambas piernas colgando, una de cada lado.
Bostezo.
Cierro los ojos.
Suspiro.

Duermo.


Vivo.

viernes, 25 de mayo de 2012

Tu desnudez


Cuando estoy en casa parece que todo está bien, pero no lo está.
Quizá no sea el lugar si no en dónde puedo estar segura y el único lugar en donde puedo estarlo es en mi mente, pero al mismo tiempo es el lugar que más me aterra.

Dime por qué lloras. Dime por qué mientes. Dime por qué haces todas esas cosas.
Te miro día a día caminando por esa pequeña vereda en el valle que conecta con la vía láctea.
Podrías pasear por todo el universo a través de esa vereda, pero te quedas ahí, en ese pequeño valle.
Dices que no quieres cambiar tu mundo, no quieres explorar otros. Me diste una buena razón.
Me gustó.
Tienes todo lo que podrías desear y más.
¿Para qué alejarte de todo y obtener nada? 
Tienes toda la razón.

Cuando caminas por esa pequeña vereda a lo lejos noto tu forma pensativa. Conozco bien tus gestos. Te conozco.

Hay cosas que me aterran y otras que me hacen más fuerte a la vez.

Mi mente, gran sótano en vacío, como un pozo sin fondo y a la vez como una gran azotea en la cual uno puede acercarse hacia la luna distante.

Jamás me alejaré.

Me da miedo alejarte.

¿Qué demonios estoy pensando?

Ya divagué mucho.

Me acerco a ti, sigo esa pequeña vereda. El pasto acaricia mis pies desnudos. Hay un columpio pequeño a lo lejos que nos saluda con la risa del viento. Cuando llego hacia a ti, te abrazo por la espalda, rozo suavemente tu alma con mi latir. Cuando llego a tu abdomen tu cuello se ha girado dejando tus labios desnudos en la inmensidad de mi deseo.
Los miro.
Cierro los ojos.
Sonrío.

Siento.

Sueño.

Vivo.